El 24 de junio de 1935, el accidente aéreo en el aeródromo Olaya Herrera de Medellín conmocionó al continente tras la muerte de Carlos Gardel. Entre los episodios menos conocidos de aquellas jornadas figura el homenaje que integrantes de la masonería antioqueña tributaron a su memoria.
De acuerdo con los testimonios documentados por el historiador y Gran Maestro Honorario Mario Arango Jaramillo, y recogidos posteriormente por crónicas de El Espectador y El Colombiano, la Gran Logia del Departamento de Antioquia —entonces encabezada por el médico Rubén Uribe Arcila— acompañó las honras fúnebres en la ciudad.
Aunque los historiadores continúan debatiendo la existencia de actas primarias sobre la iniciación del cantor, la memoria oral y escrita de aquel acto en Medellín permanece como uno de los capítulos culturales más singulares del siglo XX antioqueño.